El Hombre: Extinciones Masivas

El hombre es el causante de la sexta extinción masiva; Las consecuencias de nuestras acciones se han convertido en problemas ecológicos globales.

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La aparición del hombre iba a cambiar para siempre el planeta.
Era una especie compleja capaz de interpretar su entorno como ninguna otra lo había hecho jamás. El mundo natural se convirtió en un enemigo a vencer. La inteligencia suplió la falta de garras y colmillos permitiendo la elaboración de armas. Y el hombre se convirtió en un cazador temible.

La fascinación del poder se adueñó pronto de nuestra especie. La obtención de alimento ya no era bastante. 
Ahora el hombre tenía el poder sobre la vida y la muerte. Y matar sin necesidad se hizo parte de nuestras señas de identidad.
En su imparable búsqueda de bienestar, los seres humanos consiguieron grandes logros. Buscar la comida recolectando y cazando implicaba pasar periodos de privación, estar en permanente movimiento y depender del clima y las estaciones. Así que la domesticación de los animales salvajes resultó una solución fabulosa para atajar el problema que permitía, además, permanecer en un mismo lugar durante el tiempo que se quisiera. 


El hombre se hizo sedentario y aprendió a cultivar el suelo del que extraía tantos alimentos que aún podían conservar sus excedentes y dosificarlos en los meses improductivos. 

Cada año la población mundial crece más rápido ocupando los últimos santuarios de una naturaleza esquilmada. De las primeras cuevas naturales donde nuestros antepasados encontraron refugio el hombre ha ido progresivamente conquistando nuevos territorios. La inteligencia le permitía cambiar el entorno a su antojo, y nuestra especie se expandió más allá de lo imaginable de forma creciente, exponencial, imparable.
Hemos cambiado de tal manera nuestro entorno natural que ya no podríamos vivir en él. Nos hemos hecho dependientes de nuestro mundo de metal, plástico y cristales, donde la energía nos suministra calor, protección y seguridad. Pero para conseguirlo estamos destrozando el mundo.

Nos hemos convertido en un vector de extinción tan devastador como pudieron serlo la deriva de los continentes o el impacto de los meteoritos. Pero estamos haciéndolo con una velocidad miles de veces superior. Y ya hemos visto que la vida necesita tiempo para poder absorber los cambios; pero un tiempo geológico, o lo que es lo mismo, muchísimo tiempo.
Las consecuencias de nuestras acciones se han convertido en problemas ecológicos globales. Estamos cambiando el clima de toda la Tierra y los primeros indicios surgen donde menos se esperan. 
Las especies se extinguen con una rapidez como nunca antes se había conocido en la historia de la Tierra; a un ritmo 10.000 veces superior a la velocidad con la que surgen nuevas especies.. 

Somos los causantes de la sexta extinción masiva; una extinción que se está produciendo  hoy; ahora. 
Los científicos calculan que en los próximos cien años la mitad de todos los seres vivos del planeta estarán en peligro de extinción; un periodo inapreciable en la escala de las extinciones, donde el tiempo se mide en millones de años.

Hoy son muchos los que han emprendido la tarea urgente de dar marcha atrás al proceso de extinción que hemos provocado. Y cada día son más los voluntarios que se unen a la causa.

Vivimos en un planeta mágico, marcado por el don de la vida. Y aunque nos creamos tan importantes y poderosos, vistos en forma global, con la perspectiva de millones de años, no somos más que una especie loca y efímera que se está saltando todas las reglas. La Tierra ya ha soportado cambios similares a los que estamos provocando; extinciones masivas que hicieron desaparecer hasta el 95% de todas las especies. Ella, por tanto, sobrevivirá a todos estos deterioros alarmantes. Y la vida, con seguridad,  volverá a la Tierra. Pero si no somos capaces de evitarlo, nuestra especie, como los dinosaurios, los tigres marsupiales o los ictiosaurios, será tan sólo un recuerdo de un instante insignificante en la larga vida del planeta Tierra.

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